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Petra, la ojo parche


Petra tenía 12 años y no era una chica como las demás. Era ligeramente más alta que las otras niñas de su clase, llevaba el pelo corto y le gustaba vestir con ropa de colores. La gente de su alrededor la tomaba por una soñadora, que no dejaba de inventar historias, pero no tenían ni idea. El caso es, que lo que hacía especial a Petra era que llevaba un parche en el ojo izquierdo. Era la única en todo su instituto que llevaba algo así.


Cuando Petra llegó el primer día del curso, ella ya llevaba el parche y causó sensación en los demás alumnos. Desde aquel día, todos se reían de ella y la trataban como un bicho raro. – Allí viene “la ojo parche” – decían algunos. – Cuidado con “la ojo parche” te va a lanzar un mal de ojo” – .


Si tenéis un poco de empatía seréis capaces de poneros en la piel de Petra y pensareis: – Pobre niña y que chicos tan crueles los de su clase –. Pero el caso es, que a Petra todo eso no le afectaba lo más mínimo. Ella era especial y si se lo proponía podía masacrar todo ser viviente innecesario en un cerrar y abrir de ojo, literalmente. Todos se reían de ella, pero esos pobres microbios no tenían ni idea de que seguían vivos gracias a su voluntad. Pobres infelices.


Aquel miércoles, Diego, el niño más imbécil de la clase, llegó con una pierna vendada. Al parecer, el día anterior, mientras jugaba en el bosque que hay a las afueras del barrio, un jabalí salvaje le persiguió. Diego se cayó al suelo durante la persecución y se rompió la pierna. Todos rodearon a Diego y se preocuparon por él y su pierna rota. Pero a Petra aquello no le importaba una mierda. Desde que había escuchado la historia no podía dejar de pensar en el jabalí salvaje. Encontrarse jabalíes en aquella zona no era nada normal. Eso solo tenía una explicación, Kalcus, había vuelto y sus pequeños jabalíes estaban peinando la zona. Kalcus, el rey de los jabalíes, era uno de los archienemigos de Petra. Comparados con él, los niños y niñas que se reían de ella eran mosquitos. Aquel monstruo había vuelto y ella tenia que patearle el culo y salvar su barrio. Era la única que lo podía hacer.


Después de las clases, Petra se fue corriendo a su casa. No había nadie, como siempre. Cogió su mochila, puso el bocata que le había preparado su madre, se vistió con sus atuendos de ninja salvadora de la humanidad y se fue hacia el bosque.


Cuando llegó al bosque no había nadie. Todos los habitantes de la ciudad estaban ocupados a aquellas horas. Sus compañeros de clase perdían el tiempo haciendo los deberes del instituto en su aburrida vida y los adultos tenían el deber de trabajar. Ella, en cambio, tenía la misión de salvar el mundo, algo a lo que ella ya estaba muy acostumbrada. Petra cerró los ojos y empezó a olfatear. No le costó nada encontrar el rastro de aquel horrible monstruo. El bosque olía a mierda de jabalí. Y es que Kalcus, como debéis de tener en cuenta, no era un jabalí de tamaño normal, era el jodido rey de los jabalíes, así que ya os podéis imaginar como era de descomunal el tamaño de sus excrementos. Si Kalcus se aposentaba en aquel territorio durante mucho tiempo, el hedor de sus excrementos crearía una nube tóxica que exterminaría a toda la población.


Petra sacó una máscara del interior de su mochila y se la puso. Toda precaución era poca contra las heces de aquel monstruo. La niña se introdujo en el bosque siguiendo el rastro de su enemigo. Ella no se percató, pero sin querer, justo al entrar en el bosque Petra rompió un fino hilo que habían colocado los jabalíes de las montañas y que seguía todo el perímetro del bosque. De esa manera podían saber cuando alguien había invadido su territorio. Fue en este momento, cuando Kros, uno de los jabalíes vigilantes de la zona, dio la alarma y empezó a pronunciar un berrido muy característico de los jabalíes de su raza, un sonido que recordaba al motor de una motocicleta acelerando. La alarma se oyó des de todos los rincones del bosque y los jabalíes de las cavernas empezaron la cacería.


Mientras Petra se desplazaba como un relámpago entre los arboles del bosque una multitud de jabalíes empezaron a aparecer de sus escondites y la atacaban por todas las direcciones. La chica no tenia tiempo que perder, debía estar en casa antes de las 7 de la tarde. Si su madre llegaba a casa y no la encontraba haciendo los deberes, como una niña normal, se armaría un gran follón. La joven ninja sacó una bola de humo de su mochila y la lanzó contra sus adversarios. Aquel humo cegó a todos los jabalíes e incapaces de seguir el rastro de su objetivo empezaron a atacarse entre ellos. Petra salió victoriosa de la nube de humo y continuó su misión.


Al cabo de unos 5 minutos corriendo sin descanso, finalmente Petra llegó al corazón del bosque, o lo que quedaba de él. Montañas de excrementos se alzaban en aquella parte del bosque como si fueran grandes castillos y fortalezas. En la entrada, la niña vio algo que la aterró. A modo de aviso a intrusos había, clavados en picas, los cadáveres de los guardias forestales. Los cuerpos estaban ya en proceso de descomposición, había moscas volteando en sus cabezas y gusanos devorando sus ojos. Aquella era la imagen más escabrosa que había visto Petra en toda su vida y por unos momentos titubeó y se planteó de volver atrás y alejarse de todo aquello sin hacerle frente. Pero no se lo podía permitir. No lo hacía por la gente que vivía en la ciudad. Sus padres no le hacían demasiado caso y ya sabéis que pasaba con los compañeros de su instituto. Así que a todos ellos no les debía nada. Lo hacía por el bosque, por todos aquellos animales que vivían allí, aquella era una buena razón para seguir adelante.


Petra pasó la entrada y la tierra empezó a temblar. Las montañas de mierda empezaron a moverse y la tierra a agrietarse. Lentamente se abrió un boquete enorme y algo empezó a elevarse y a salir a la superficie desde los confines de la tierra. Era enorme, parecía como si una montaña se estuviera formando delante suyo. El temblor levantó el polvo del suelo y Petra no podía apreciar nada, solo una sombra inmensa que se alzaba delante suyo. Era el terror en persona. La tierra volvió en calma, el polvo de disipó y fue entonces cuando lo vio. Kalkus estaba delante suyo. Era un monstruo de proporciones descomunales. Lo más aterrador de todo era que no podía llegar a verlo en su totalidad, no era posible verle la mirada ni si quiera. Todo lo que podía apreciar era un descomunal morro de jabalí, con sus grandes agujeros llenos de pelos, mocos y suciedad. Cada vez que el rey expiraba, aire una ráfaga de viento golpeaba a la pequeña ninja. Kalkus abrió la boca, que por cierto apestaba, y pronunció unas palabras:


"¿Quién se atreve a adentrarse en mi palacio de lo fétido?"


Petra tembló un poco al principió, pero decidió hacer frente a la criatura.


"Soy Petra, la ninja protectora de esta región, entre los míos soy más conocida como “la del ojo parche”. Te ruego que abandones esos bosques y vuelvas a las cavernas con tu pueblo."


"El bosque nos gusta demasiado, en las cavernas no nos llega la luz del Sol. Ahora yo soy el rey de esta región. Si tienes algún problema desafíame." – Amenazó Kalkus.


"Y eso es lo que he venido a hacer" – pensó Petra.


Fue entonces cuando Petra utilizó su último y más poderoso recurso. Como recordareis, al principio de esta historia os he remarcado que Petra no era una niña como las demás, de echo tenia algo que la diferenciaba incluso de todos los habitantes de aquella ciudad. Antes os he dicho que lo que la hacia especial era su parche en el ojo, pero no he sido del todo sincero. Lo que verdaderamente era especial en aquella chica era lo que había debajo de su parche, su ojo izquierdo.


Así que, Petra, después de oír la amenaza de el rey de los jabalíes de las cavernas, respiró profundamente y se dispuso a quitarse el parche del ojo izquierdo lentamente. Cuando Kalkus vio lo que la niña estaba haciendo empezó a alterase. Todos en el mundo sabían de lo que era capaz el ojo de aquella niña.


"Perdóname, perdóname, nos iremos ahora mismo, no volverá a pasar." – Suplicó el rey mientras empezaba a sudar gotas enormes.


"No es la primera vez que te echo de este bosque Kalkus, pero esta sí que será la última."


Petra dio un gran saltó y se detuvo encima de la nariz del jabalí para poderle ver los ojos. Entonces abrió su ojo izquierdo y el mundo se detuvo durante unos instantes. El ojo, de un color plata, tenia la mirada fija en los ojos aterrados del rey. Kalkus ya no podía salvarse. La piel oscura del monstruo empezó a palidecer y a endurecerse. Poco a poco Kalkus se iba volviendo algo inerte, sin vida y frío. Después de la piel fueron las patas, luego la boca, la nariz y finalmente los ojos. El rey de los jabalíes paso de ser un ser vivo a ser nada más que un objeto. Había quedado reducido a una enorme y fría estatua de piedra.


Terminada la faena, Petra se volvió a cubrir el ojo, estaba agotada. Pero algo inquietante empezó. Un montón de sonidos de lamentación sonaron en lo profundo del bosque y miles de jabalíes salieron de su escondite y se acurrucaron alrededor de su rey y empezaron a llorar.


"No os preocupéis, de esa manera Kalkus podrá disfrutar siempre del Sol sin tener que cubrirlo con su fétido aroma." – Dijo Petra sin que los jabalíes le hicieran demasiado caso.


Dicho esto la niña dio la vuelta, sacó el bocata de su mochila y se comió la merienda mientras volvía a casa. Pronto serían las 7 y su madre llegaría a casa. Petra tenia que volver al mundo real y hacer de niña normal.


19/11/2016 Pau Porta Giné


Número de registro: 1611209864028

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